 | | La lucha del bien y el mal tiene su máxima expresión en un exorcismo.
La caída de Luzbel de los cielos marcó el inicio de esta guerra. |
La historia la cuenta una ex alumna de un colegio católico, quien nunca se olvidó del episodio que presenció en las aulas de clases. Dos amigas, Alejandra y Claudia, eran personajes extraños para el resto de sus compañeros de curso. Siempre lucían demacradas, “no miraban a los ojos a nadie y dibujaban signos extraños en las mesas y paredes” del tradicional establecimiento. Un día las compañeras, que ocupaban siempre el último puesto, llegaron particularmente silenciosas, sus caras parecían las de alguien a punto de desmayarse. Tenían los ojos desorbitados. El colegio era dirigido entonces por un sacerdote que solía viajar a Italia y que había tenido algunas experiencias similares. “Me acuerdo que en el recreo ellas saltaron sobre el cura y le pedían que las ayudara. Empezaron a convulsionar y después él las llevó a su oficina. Una de ellas, nos contó el rector, tuvo que ser exorcizada”, relató la joven. Escribió en un idioma extraño Luego del episodio en el patio del liceo, el cura citó a una reunión en el gran salón de actos, a todos los alumnos de enseñanza media. “Nos contó que una de mis compañeras, cayó como en trance mientras hablaba con él y que se desmayó. Quedó sentada en la silla con la cabeza entre las piernas y el brazo derecho sobre el escritorio, mientras su cuerpo estaba inconsciente escribía signos en un idioma extraño. Después empezó a moverse con fuerza y a levantarse del asiento gritando ‘yo soy Satán’. Fue terrible cuando el cura nos dijo eso, estábamos todos asustados”. En la misma reunión el sacerdote confirmó que había acudido a la casa de la menor, en Talcahuano y había realizado un exorcismo. “Ella nunca volvió a estudiar”, contó la ex alumna. |