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Concepción, Chile, sábado 22 de febrero de 2003  
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Lionel Correa Salgado

¡Hubiéramos dado la hora
en el básquetbol actual!

  • Jugador de buen nivel por cerca de 14 años, seleccionado de Concepción, ganador de títulos regionales y nacionales, el ahora médico Lionel Correa Salgado recuerda su paso por el básqutbol con gran emoción. Más que una afición, el deporte fue una forma de vida.

      Por Marcelo Henríquez Rozas
     
      Con 55 años de edad y con 28 desde que dejó la actividad en que fue conocido cariñosamente como "Motoneto" por su velocidad de esprinter, el doctor Lionel Correa Salgado, ginecólogo, no olvida hoy sus años de gloria en el deporte de las canastas.
      Cuando hojea mentalmente el álbum de los recuerdos, los ojos le brillan y mueve sus manos al igual que si estuviera con el balón en su poder.
      No en balde fue una de las glorias del baloncesto penquista con la camiseta del desaparecido Sagrados Corazones, de muchas selecciones y como ganador de muchas finales.
      En su consulta particular, en el edificio Amanecer, para "Crónica" recordó hitos valiosos de su trayectoria cesteril.
      "Me inicié en el Colegio Instituto Humanidades, en quinto preparatoria, cuando tenía 11 años. En ese tiempo formamos un muy buen equipo que llegó a ser campeón juvenil de Concepción, allá por los años 59 y 60.
      ¿Recuerda a sus primeros formadores, esos que marcaron la pauta?
      - El primero fue un señor, cuyo nombre no recuerdo, pero era de apellido Castro. Luego otro profesor, de apellido Ferrufino. Pero con el que realmente me formé fue con don Mario Latorre Muñoz, el famoso "Chico Latorre", entrenador de mucho prestigio en Concepción. El nos entregó los conceptos más importantes y también valores como persona. Con él estuve en equipos y selecciones de la región, con los cuales jugamos a nivel local y también nacional con buenos resultados.
      - ¿Por qué el básquetbol y no otros deportes?
      - Se debe a dos factores. El primero porque poseía condiciones físicas y, el otro, a la influencia de mi padre, Lionel Correa Canales, quien fue un muy buen basquetbolista y eso se hereda.
      ¿Cómo eran los días de este deporte, en ese entonces?
      - Eran de mucho sacrificio. Por ejemplo, le cuento que entrenábamos a las once de la noche, ya que los gimnasios eran ocupados por horas por delegaciones deportivas, o si no, por colegios. Las canchas eran malitas, pero todo se hacía con muchas ganas.
      ¿Cómo era el entorno, el ambiente?
      - Los recintos se llenaban. Ocupábamos los gimnasios del Lord Cochrane, de Salesiano y de la Universidad de Concepción. Y todos se repletaban durante los partidos. Iba mucha gente y de todas las edades.
      ¿Y su señora, o polola en ese entonces, lo acompañaba al gimnasio?
      - En realidad poco. Ella era más dada al tema del baile y la danza en la universidad, así que no era muy hincha y poco me acompañaba.
      ¿Ha cambiado mucho el básquetbol de su época al actual?
      - Claro y en demasía. Antes era un deporte de habilidad y de invención, era más individual, no tan táctico, no de tantas jugadas y muchísimo menos físico. Ahora cuando voy a los gimnasios me instalo en primera fila y veo que, por decir algo, los rebotes son muy peleados, es todo demasiado rudo. Observando los partidos de la Dimayor, creo que nosotros no hubiéramos tenido ninguna posibilidad con los equipos de ahora, porque nuestros jugadores altos de ese tiempo llegaban a 1,90 metros, como Juan Morales, lo que hoy es normal, por no decir imprescindible.
      Pero, ¿era mejor antes o ahora?
      - Yo diría que ahora, los jugadores están más dotados, son más profesionales, tienen aptitudes físicas y deportivas mucho mejores. Por ejemplo, lanzan con ambas manos, driblean como si nada, son gigantescos. En resumen, el estereotipo es mejor. Antes el jugador nacía, hoy se hace, se forma y se complementan sus condiciones.
     
     "El básquetbol me ha ayudado mucho"
     
      La emoción, los nombres, fechas y partidos se aglutinan en los recuerdos del doctor Correa.
      Inolvidable resultó marcar al mejor jugador chileno de su época.
      - Yo marqué a Manuel Herrera, el mejor de la época y siempre lo vencí. Cuando jugaba en Talca y les ganábamos repetidamente. Siempre fue satisfactorio enfrentar y marcar bien a jugadores de tanta categoría.
      ¿Cuándo se retiró de la competitividad?
      - El 75. Tenía 25 años y ya era médico. Fue luego de ganar como jugador de Concepción el torneo nacional que inauguró el gimnasio La Tortuga. Desde entonces, me he dedicado a mi profesión.
      ¿Cuál ha sido su cara y sello con este deporte?
      - Creo que en mi caso, esta moneda llamada básquetbol tiene sólo una cara y muy bella. Todo ha sido hermoso y me ha ayudado mucho en la vida. Una de las cosas más rescatables es que se aprende a trabajar en equipo y te otorga disciplina. Eso me ha ayudado principalmente en lo profesional.
      ¿Sigue asistiendo a los gimnasios?
      - Por supuesto. Nunca lo he dejado de hacer. Todos los días me hago un tiempo y juego. Me voy a Llacolén o al Estadio Español y juego un rato, eso me entretiene y relaja a la vez. Yo soy ginecólogo y tengo una especialidad quirúrgica, llamada cirugía oncológica, o sea yo opero cáncer, lo cual causa mucho estress. Por eso me sirve mucho el practicar día a día. Es una especie de terapia, ya que después de practicar llego a mi consulta tranquilito y a la vez me ayuda a mantener el físico. Imagínese que desde mis tiempos de jugador, sólo he subido tres kilos de peso"
      ¿Y la tradición continúa en la familia?
      Sí. Sebastián, de 13 años, flaco y alto, el cuarto de mis hijos juega por el Colegio Inglés. Es muy bueno. Los otros son más inclinados por el fútbol, salvo el menor, que no quiere nada con el deporte.


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